
| ¡Hogar, dulce hogar! |
| Escrito por Luis Carlos Sánchez | |||
| Lunes, 19 de Mayo de 2008 08:04 | |||
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Hay una frase que nos viene con mucha frecuencia a nuestros pensamientos siempre que nos sentimos alejados de nuestro entorno más cercano y cotidiano, que es “Como en casa de uno no se está en ningún lado”. Para un “adulto-mayor” seguir viviendo en su propia casa es un aspecto vital para su salud mental, pues es el lugar que le transmite seguridad, confianza y la tranquilidad necesaria para llevar a cabo las actividades de su vida cotidiana. Por eso es recomendable que el mayor viva en su casa durante el mayor tiempo posible. Es cierto, que dependiendo de la situación de cada persona, tomar la decisión de trasladar a un familiar “adulto-mayor” a una residencia puede ser un recurso saludable y “necesario” tanto para el destinatario del servicio como para la propia familia (en concreto, para el cuidador principal que suele ser un familiar muy cercano como cónyuges, hijas…), pero en otras ocasiones, el servicio de ayuda a domicilio especializado, es decir, la asistencia sanitaria por parte de especialistas sanitarios como psicólogos, auxiliares de enfermería, médicos, podólogos, enfermeros…, puede ser de mayor relevancia e importancia para la propia salud del destinatario del servicio, pues de esta forma evitas desprenderle de todo aquello que le hace mantener su sentimiento de identidad personal (pues está rodeado de todo aquello que él o ella trabajó para mantener). Es verdad que cada día existen más recursos para los “adultos-mayores”, pero hay un factor a tener en cuenta, y es que lo que se pretende conseguir es transmitir salud y con ello calidad de vida, por lo que hay que reflexionar muy bien sobre el tipo de asistencia que sea más conveniente para nuestro familiar, ya que en algunas ocasiones el cambio puede ser a mejor, pero en cambio en otras ocasiones puede ser a peor.
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